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Fauna

La isula: Paraponera clavata

Isula es el nombre vulgar de la Paraponera clavata, una hormiga grande de entre 2 a 3 cms. Sus colonias no son numerosas  y es más frecuente verlas caminar en solitario por el suelo cubierto de hojas o en el tronco de algunos árboles. Estas hormigas poseen unas poderosas mandíbulas pero lo mas salvaje de ellas es su aguijón, con el inocula un veneno que esta catalogado como uno de los más dolorosos del mundo animal, no por nada en otros lugares es llamada “bullet ant” porque su picadura se siente como recibir un balazo.

Es una hormiga gigante muy extendida por toda América Central y del Sur, especialmente en las regiones selváticas,  y la reina es aún mayor.

El potente aguijón de la tucandeira o falofa es temible. Tiene esta hormiga grandes mandíbulas pero con ellas no hace daño. Lo peligroso es el aguijón que tiene en la cola (parte posterior) y que es una verdadera aguja hipodérmica cargada de veneno.

Suelen vivir en colonias de hasta 500 individuos, aunque es más frecuente encontrarlas en grupos de 12 a 20 siempre en la base de los grandes árboles de la selva. Basta irritarlas o molestarlas dando unas patadas en el suelo cubierto de hojarasca para que salgan de su hormiguero, y entonces hay que ponerse fuera de su alcance. Por eso capturarlas no es fácil y tiene sus riesgos, y fotografiarlas es aún más difícil a menos que se haga en cautividad.



Anécdota

El doctor Weber, que trabajaba en la Universidad de North Dakota, relató su triste experiencia personal cuando fue picado en la rodilla a través del pantalón mientras andaba de expedición por el Río Orinoco buscando esta clase de hormigas.

Cuenta que al sentir el vivo dolor de la picadura en su rodilla, examinó la parte afectada observando un punto negra rojizo. Aplicó inmediatamente amoniaco sobre la parte durante unos minutos y después colocó un apósito de la misma sustancia encima. Pocos minutos después sintió la rodilla como paralizada. Con gran dificultad llegó hasta su campamento donde se recostó en una hamaca tomando un calmante. A las pocas horas se formó una gran vejiga en la rodilla que poco a poco adquirió un color pardo rojizo amarillento. Aplicó yodo sobre la vejiga y la abrió, saliendo suero. Aplicó ácido bórico y un vendaje. La rodilla seguía rígida. Aparecieron pequeñas vesículas alrededor de la primera.

Durante 18 días estuvo sin poder moverse vigilando la rodilla y cambiando los apósitos. Cuenta Weber que fue mejorando poco a poco del proceso inflamatorio. Hay que tener en cuenta que esto sucedió en 1936, año en que todavía no existía la medicación antitóxica, antihistamínica, antibiótica, analgésica y antiséptica de nuestros días. De todas formas, cuando uno anda por la selva no siempre lleva lo necesario para realizar una buena cura, o bien puede haberlo perdido en alguno de los frecuentes accidentes que sobrevienen, así que hoy día el explorador re estas regiones puede estar tan desprovisto o más que en 1936 de una medicación adecuada.

Weber pensó que pudo haber sido aún más grave si le hubiese picado sobre la piel directamente y que parte del veneno se quedó en el pantalón de dril fuerte que llevaba. La picadura de esta hormiga suele producir fiebre y linfadenopatías.




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